La insolvencia no ocurre de un día para otro. Generalmente es el resultado de una acumulación de obligaciones que, en determinado momento, superan la capacidad real de pago de una persona o una empresa.
Reconocer esta situación a tiempo permite detener el desgaste financiero y emocional, y acceder a mecanismos legales diseñados para reorganizar, negociar o cerrar ciclos de forma ordenada.
La insolvencia ocurre cuando una persona o empresa pierde la capacidad de cumplir regularmente con sus obligaciones económicas.
Puedes estar en esta situación si :
Tus ingresos ya no cubren tus obligaciones
Enfrentas cobros constantes o procesos judiciales
Existen embargos o descuentos de nómina
La presión financiera afecta tu estabilidad personal o empresarial
Estar en insolvencia no es un fracaso ni implica sanciones automáticas. Es una situación reconocida por la ley que permite reorganizar, negociar o cerrar de forma ordenada.